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De abrojos y abrojados

Actualizado: ene 14

Un día del año 1941, un hombre llegaba a su casa con su perro después de dar un paseo por los Alpes Suizos. Con curiosidad empezó a retirar de su ropa y del pelaje de su amigo, esas semillitas de cardo, que para muchos resultan tan molestas.


Este hombre, George De Mestral, que era un buscador inquieto, no reaccionó protestando por la invasión de abrojos que los cobijaba a él y a su amigo, por el contrario se detuvo a iniciar todo un camino de intentos de respuesta a esa pregunta sobre lo que la naturaleza podía enseñarle a través de esta evidencia.


Entonces fue más allá, y llevó las semillas complexas a un microscopio, descubriendo así, que su potente adherencia, se debía a que las múltiples espinas de cada abrojito, tenían en la punta la forma de gancho.


Al enterarme de esta historia, pensé en la cantidad de quejas que he proferido y que escuchado de otras personas, a propósito del mismo tema. Es más, si tomamos esta anécdota como una metáfora de la vida, ¿no vivimos generalmente vistiendo telas y pelajes sensibles a la adhesión de abrojos de todo tipo? Me refiero a comentarios, tratos y destratos, críticas, vergüenzas, expectativas acerca de lo que deberían ser o hacer otras personas, o sobre lo que tendría que pasar para lograr el bienestar. Estos y tantos otros estímulos que interpretamos como amenazantes, nos enganchan ahí, en la explosión o en la implosión, con la respectiva proliferación de pensamientos y emociones asociados.

Nuestro grado de adherencia es directamente proporcional a nuestro autodesconocimiento,

por eso mi propuesta es la de seguir el modelo de De Mestral. Qué tal si, a cambio de quedarnos en la queja, en la protesta y otro tipo de reacciones, hacemos un alto y nos preguntamos ¿por qué tanto? qué tal si llevamos nuestros cardos al microscopio y los analizamos para descubrirnos, en el intento de responder conscientemente ante esas cosas que nos perturban, en vez de reaccionar impulsivamente ocasionando mayor desconexión e ignorancia.


Con esta experiencia, De Mestral inventó el VELCRO® acrónimo que proviene de las palabras francesas Velours (Felpa) y Crochet (Gancho). Replicando las semillas de cardos en una cinta de fibra sintética que se pudiera pegar y despegar de otra cinta con bucles de felpa.


Estos innovadores sistemas de sujeción no tuvieron el éxito inmediato que esperaba su inventor, hasta que la NASA los implementó como solución para adherir los objetos a las paredes de las naves, mientras flotaban en la órbita espacial.



De Mestral salió de paseo con su perro a los Alpes Suizos para desarrollar una idea que salió de este mundo, y tomando su potencia, nuestro alcance será inverso si analizamos los cardos, porque aunque nos llevará igualmente lejos, será ahora hacia las profundidades se nuestro ser, de nuestra historia.


Si cada semilla o abrojo que me engancha, lo ligo a la pregunta ¿qué me está revelando acerca de mí, esto que tanto me perturba? ¿por qué me conmueve tanto, por qué me duele, me enfurece o me inhibe tanto? Nos estaremos enfrentando a una fuente de información valiosísima, será como tirar del hilo que nos conduce al fondo, al origen de esos sentimientos y emociones que se manifiestan ante cada situación actual.

Las heridas del pasado sanan cuando las identificamos mediante sus manifestaciones presentes y las atendemos. Comprobamos su curación cuando podemos responder asertivamente ante los estímulos externos que nos perturbaban. De esta forma, celebraremos el momento en que ese estímulo que antes nos hubiese incomodado, ese abrojo que nos hubiese enganchado, pierde la adherencia.


Comprobaremos entonces, que somos co-creadores de nuestra realidad y conseguiremos esa responsabilidad personal que nos conduce al logro de nuestros propósitos, a nuestra libertad.

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